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"El Chacal" pago sus crímenes… al morir tasajeado

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Tras mandar asesinar a Fco I. Madero, se autonombró presidente de México y su conducta bestial costó más de un millón de muertos y destrucción del país; tal vez por eso, el Gral. Victoriano Huerta, alias…

  Victoriano Huerta era un indio huichol, de familia muy pobre. A los 12 años el presidente Juárez lo becó debido a su clara inteligencia. Más tarde, el general Donato Guerra lo recomendó para que ingresara al Colegio Militar, donde se convirtió en el alumno más distinguido en matemáticas y astronomía y se le llegó a considerar como el mejor matemático mexicano. Habría ascendido pronto en el ejército, pero se hizo alcohólico desenfrenado, insubordinándose varias veces, por lo que fue suspendido y para poder subsistir dio clases de matemáticas.

  Perdonado, en 1894 fue ascendido a coronel. En la campaña contra los mayas, en 1903, actuó con gran crueldad. En 1910 mandó ahorcar a decenas de campesinos inocentes de Morelos y Guerrero, con el pretexto de que eran zapatistas. En 1912, el presidente Madero lo ascendió a general de división. En 1913, cuando los generales Reyes y Félix Díaz se rebelaron contra el gobierno, Huerta se presentó ante Madero exclamando: “!Señor presidente, le juro por la Santísima Virgen de Guadalupe que siempre le seré Leal!”… Dado que Huerta siempre decía ser muy católico, el ingenuo Madero le creyó y lo nombró comandante militar.

   La Gran Traición a Madero
  El pérfido Huerta inmediatamente avisó a los alzados que estaba de su lado y luego se entrevistó con el embajador de Estados Unidos en México, Henry Lane Wilson, para que a nombre de la Unión Americana, exigiera a Madero que renunciara; mas éste rechazó la violación a la soberanía de México, por lo que Huerta, traicionando al presidente, lo hizo su prisionero y luego ordenó que asesinaran al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez. Con la complicidad de Wilson, se autonombró presidente de la República. El senador y doctor Belisario Domínguez trató de decir un discurso condenando a Huerta como un asesino, pero el presidente del senado, comprado por el dictador, lo impidió; sin embargo Belisario Domínguez no cejó en su empeño y mandó imprimir su discurso haciéndolo circular. El Chacal, rabioso por lo que había hecho Belisario, mandó que lo apresaran. Luego Huerta llamó a su compadre, otro indio, pero de Xochimilco, el doctor Aureliano Urrutia, a quien ordenó que diese un castigo ejemplar al disidente; por lo que, bajo la mirada de Urrutia, lo ataron a  una mesa de cirugía; teniendo un bisturí en la mano, dijo: “Lo siento, colega, pero usted habló demasiado”, y a continuación le cercenó la lengua. Después lo volteó boca abajo para que la sangre cayera en una cubeta, y lo dejó morir desangrado. Este acontecimiento fue la gota que derramó el vaso y por lo que se inició la Revolución dirigida contra el chacal. En el norte se levantó Carranza, secundado por Villa y Obregón; en el sur, Emiliano Zapata.  Tras años de sangrienta lucha, las tropas de Huerta fueron derrotadas, por lo que éste huyó a España, donde los agentes alemanes le ofrecieron dinero y armas para que recobrara el poder, a condición de que ya al mando del país, le declarara la guerra a Estados Unidos. El chacal aceptó y, siguiendo órdenes, se trasladó a Nueva York para recibir su dinero. En esa ciudad, él y Pascual Orozco, un hombre que se había alzado contra Madero, se unieron. Bien forrados de dólares, partieron hacia la frontera de México. Los agentes americanos los detuvieron en El Paso, Texas, confiscándoles los dólares. Orozco  pudo huir, pero Huerta fue al hospital de la prisión, porque estaba enfermo. Más tarde su abogado consiguió que saliera libre bajo fianza, teniendo la ciudad como cárcel. Huerta fue a una casita alquilada, donde lo atendieron su esposa y su hija Elena, quien poseía una bellísima voz, pero a quien Huerta le hizo jurar que sólo cantaría para él, jamás en público.

  Llevaba varios días enfermo; voluntariamente “un doctor español” se ofreció a examinarlo, diciendo que era gran admirador suyo, el ‘doctor’ exclamó ¡que tenía que operarlo de inmediato o moriría! La esposa se opuso, pero el chacal accedió, sin saber que él mismo se entregaba en manos de su verdugo. Estando a solas, aquel “médico español”, sin siquiera anestesiarlo, le enterró en el vientre, varias veces, el filoso bisturí. Fue tan intenso el dolor que sufrió y tanta pérdida de sangre que, Huerta perdió el sentido, mientras “el doctor español” escapaba. Elena, al ver a su padre lleno de sangre, con el vientre tasajeado como si fuera un cerdo en una carnicería, cayó al suelo desmayada en tanto la señora corría por un médico. Tres días estuvo agonizando el chacal, siendo visitado por cientos de morbosos que querían conocer al criminal. Finalmente, después de oír cantar a su hija, Huerta murmuró palabras en huichol, volvió la cabeza hacia el sur, hacia México y quedó tieso. Las autoridades estadounidenses, para no verse implicadas, declararon que por borracho había muerto de cirrosis hepática. Fue hasta años después cuando se supo la verdad, al averiguarse que el “doctor español” era un mexicano, cuyo padre había muerto después de ser torturado por órdenes de Huerta y, al tener una oportunidad de vengarse, le dio su justo merecido. ¡El tirano que mandó torturar a tantos, falleció sufriendo los terribles dolores que habían padecido sus víctimas!… Se había hecho justicia y El Chacal, pagó sus crímenes al morir tasajeado!!!

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