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Siniestro mundo de Arnold

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Por: Dr. Humberto Caspa

  Jay Leno, conocido comediante de una cadena de televisión, hacía mofa del escándalo que propició el exgobernador de California Arnold Schwarzenegger, “Nunca pensé que fuera tan buen actor”.
 En parte, Leno tiene razón, Schwarzenegger nos convenció a todos que su matrimonio andaba de maravillas.

 A pesar del enorme despliegue periodístico, Schwarzenegger quedó libre de pecados por un pasado insólito y promiscuo. Los escándalos de faldas no le afectaron para nada. Una mayoría del electorado californiano lo eligió como gobernador del estado y luego lo reeligió fácilmente después de unos cuantos años.

 Ahora bien, más allá del sarcasmo y del amarillismo político que obviamente genera una información de este calibre y un personaje tan conocido como el “terminador”, el problema es más serio de lo que aparenta.

  Lo que hizo Schwarzenegger podría entremezclarse con problemas de abuso doméstico, violación y/o acoso sexual.  Todo depende cómo enfocamos la cuestión.

  Después de todo, Mildred Patricia Baena, madre del hijo del ex gobernador, trabajaba como empleada doméstica de la familia Schwarzenegger. Su jefe, en este caso Arnold Schwarzenegger, pudo haber abusado de su jerarquía laboral.

  Evidentemente, como mucha gente argumentará, Baena era mayor de edad en el momento que se prestó a tener relaciones sexuales. Tenía su propia familia, hijos y una pareja que le ayudó a tapar los orificios políticos para que nada del escándalo saliera a la luz pública.

  Nosotros sólo podemos especular de la cantidad de dinero que circuló entre Schwarzenegger, Baena y su pareja para que la información se mantuviera en secreto.

  Empero, viendo desde una perspectiva social, el nuevo episodio de Schwarzenegger tiene todos los síntomas de acoso y abuso sexual.

  En sociedades cerradas y rígidas, el abuso sexual de empleadas domésticas es un mal endémico que no se resuelve.  Dichos casos normalmente suceden en los estratos sociales de clase alta, en aquellas familias que tienen la capacidad de contratar empleadas domésticas. Los contratos son a menudo verbales e incluyen que la trabajadora viva dentro de la residencia laboral. Es el trabajo más explotado y el menos remunerado.

 Dentro de este paradigma de trabajo se han encontrado muchos casos de abuso sexual por parte del jefe de la familia o por uno de sus miembros (normalmente los hijos varones) a las empleadas domésticas. Cómo las leyes en torno al abuso sexual en sociedades cerradas son más laxas que en los países desarrollados, las violaciones a menudo son ignoradas por la justicia ordinaria.

  Así, el atropello contra las empleadas domésticas se pierde bajo el viejo manto de la impunidad. Muchas jovencitas que, por necesidades económicas se prestan a este tipo de trabajos, en vez de lograr un bienestar económico, quedan mancilladas para siempre.

  De esas relaciones a menudo nacen niños. Muchos de ellos no son reconocidos y son las verdaderas víctimas del abuso.
 No sabemos los pormenores y las circunstancias del caso de Schwarzenegger, pero está claro que existió –quiérase o no– acoso y abuso sexual.

  Al final la justicia de nuestro país, en torno a los derechos de la mujer y de la trabajadora doméstica no dista tanto de esas sociedades cerradas de países menos desarrollados.

  No creo que a Schwarzenegger se le impute a la justicia ordinaria por violación o acoso sexual o por abuso en el trabajo.

  Su caso, por el contrario, se perderá, como viene ocurriendo, en los horizontes del amarillismo político y los programas cómicos de la televisión.
Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Ecomonics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com
 

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